Pues aquí empieza un movimiento interesante que más tarde daría origen a la organización de las familias.
La guardería, que en ese momento fue llamada: Los Pequeños Amigos, y que tenía como lema: ¡Amigos de verdad! Fundada por Yessenia, una adolescente de 15 años de edad, que pertenecía al grupo de reflexión cristiana Hermandad Juvenil. Esta chica, inició su trabajo con niños y niñas que tenían entre 3 y 12 años de edad.
Adolescentes mujeres y varones nandaimeños, integrantes de un grupo de reflexión cristiana y vecinos de los barrios mencionados, eran los y las que hicieron camino al andar:
“Pues iniciamos debajo de un árbol en el barrio Modesto Marín. Ahí llamábamos al chavalero para jugar y cantar, después la señora de la esquina justo donde estaba el palo, nos invitó a su cocina, pues nos la prestó para que nos reuniéramos. Eran casi cincuenta “chigüines” que tenía desde 2 años de edad hasta 12 años.
Esta, con la ayuda de otros adolescentes organizó debajo de un árbol clases tipo preescolar para los niños y las niñas. A los adolescentes impartían temas de reflexión social y cristiana, así como también, se les enseñaba a leer y escribir o haciéndole conciencia o ayudándole a través del Centro para que fueran a la escuela. Estos se reunían en diferentes horarios de lunes a domingo. Aquí enseñaban a cantar, pintar, dibujar, bailar e impartían temas educativos como: la higiene, la naturaleza, los números, la familia, los valores, la igualdad entre niños y niñas, etc. Los temas se daban a los grupos según las características de los mismos.
Con la ayuda de jóvenes quebequenses se compró una casa en el barrio para niños y adolescentes de ambos sexos. Casa que más tarde la llamaron: María Elena Savard, en memoria a una joven quebequense, fallecida en un accidente automovilístico, que hizo suyo el proyecto de los niños y niñas, colaborando para el desarrollo de éste en todas sus dimensiones.
La dinámica o principio fundamental en este movimiento era: niños, niñas y adolescentes formando a otros niños, niñas y adolescentes. El compartir con otros lo que aprendían en sus grupos, o sea, el trasmitir experiencia y conocimiento se volvió eje fundamental en la construcción de dicho proyecto.
Así surge el primer grupo de adolescentes entre 11 y 13 años de edad que se ocupaban de los más pequeños. Les llamaban los animadores y hermanos mayores.